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C R O N O L O G Í A D E D O S C A N C I O N E S Me resulta en cierto modo difícil, por extraño que parezca, explicar las dos piezas que he compuesto. Hoy me siento en mi mesa de trabajo en el intento de acercar la obra al público.
Tendría que comenzar por decir que Isla y Mujer es fruto de la casualidad, ya que no fue un proyecto premeditado, simplemente surgió como se suele decir “de un día para otro”. Fue Benito Cabrera el que me sugirió la participación en este concurso, cuya existencia yo desconocía, y quién personalmente me envió las bases a Madrid. Me pareció un excelente proyecto y empecé a madurar la idea. Pasados unos días mi objetivo no era aún muy preciso. Quizá la palabra clave fue “ Gomera”, suficiente estímulo para dejarme llevar entre los recuerdos de mi niñez entre Vallehermoso y Epina junto a mi familia, cuna de mi padre, mis abuelos. Es el primero quién cada verano sentía un irrefrenable deseo por visitarla, y es mi abuelo quién a través de sus incontables historias me dibuja un pasado lejano en el tiempo, si bien muy próximo para mi, pues aún respiro su aroma junto a él.
A partir de aquí sabía que la palabra tendría que formar parte de ella, pues es la única que puede hacer emerger mis emociones. Fue con la inestimable ayuda de Candelaria Gil Fariña y en la biblioteca general de la Universidad de la Laguna donde comencé la búsqueda de la “palabra” entre mis Poetas Canarios. Pedro García Cabrera encajaba perfectamente en ella, “gomero, nacido en Vallehermoso y con casi la edad de mi abuelo”. Lo más difícil vendría ahora, encontrar un texto con el que me identificase plenamente. Tras unas horas, hallé lo que buscaba, pero no sólo un poema sino dos, Isla y Mujer y Añorando la Gomera.
El primero describía perfectamente la personificación de la Gomera como Isla, Madre, Mujer, que arropa y acoge a todos los que nacen y viven en ella. Muestra su aspecto a través de sus paisajes, en la brisa, en sus sonidos y perfumes.
Añorando la Gomera mostraba otro aspecto, aquel que sólo el isleño que vive fuera es capaz de entender. “ Vivir fuera, añorar adentro”, “ llorar la ausencia triste y solitaria de la Tierra donde has nacido”.
A partir de aquí y una vez interiorizada cada palabra, cada frase, empieza la creación musical. Aún no sabes como empezar, pero bastó cerrar los ojos para viajar como en un sueño hacia el alma y los ojos del poeta, del isleño, que son los míos.
¡La obra está terminada!. Han pasado dos meses y medio y no tengo plena consciencia de ella. Miro cada nota, me resulta extraña al mismo tiempo familiar. He trabajado como un autómata, como una rama que arrastra la corriente. Tengo y no tengo consciencia de ello, pero me gusta.
Llegado a este punto y en referencia al porqué de los poemas, tendría que decir, que Isla y Mujer no es una obra de concurso, es mucho más que eso. Es la partitura donde trato de plasmar mis emociones en conjunción con la palabra, con la cual me identifico plenamente.
Aunque a alguno de mis maestros no le gusta el término, mi lenguaje se sustenta en el eclecticismo o en lo sincrético. Muchos podrán tacharme de conservador, yo no lo creo así. No huyo de las posturas más radicales de la música contemporánea, las conozco y las utilizo cuando lo creo necesario, siempre en función de la idea musical y de las limitaciones instrumentales o vocales que acontecen. Vivo con la conciencia de todo lo heredado. Por supuesto, tengo otra percepción mucho más libre y abierta, acorde con la realidad social que vivo. Huyo del gueto que suponen los extremos cerrados y de la ignorancia hacia el pasado. La música y con ella la técnica, es un gran saco de regalos que cada generación va llenando, con los que debemos jugar cuando nos apetezca y, por supuesto, con la posibilidad de hacer las modificaciones necesarias para adaptarlos a nuestra necesidad actual.
Muchas de estas líneas melódicas así como algunos fragmentos rítmicos, esconden en las partes instrumentales citas con referencia al folclore popular gomero o canario en general, destacando la compleja combinación que surge a partir del compás 40 de AlG. Estos se encuentran claramente alterados rítmica y melódicamente, creando una indefinición en el oyente.
Este periodo finaliza en cuatro rítmicos acordes en (fff) que generalmente sirven de cabecera a la tradicional isa canaria.
La parte vocal fluye sin repeticiones melódicas, lo cual entraña un gran esfuerzo de memorización a la soprano (Candelaria González) pero como contrapartida percibiremos una melodía siempre joven en toda la obra.
Sin entrar en la profundidad del tema y de forma generalizada, la armonía y como base la escala se dan cita en mi música de diversas formas: como escala de tonos enteros o como serie, cuyos acordes se producen generalmente por superposición de segundas – cluster -, terceras mayores, cuartas y quintas aumentadas, sextas menores y séptimas menores con sus respectivas variantes. Ello no significa que sólo me mueva en ese espectro armónico, no me ruborizo al utilizar un clásico acorde de Do mayor, si con ello consigo el color deseado, tal y como sucede al final de ALG.
Como conclusión, la obra está estructurada y subordinada al texto tal y como sucede en la canción española o el Lied alemán. Se desarrolla con un contenido rítmico irregular y con constantes cambios de pulso, no como forma de dificultar la obra, sino como forma de hacer evidente las partes téticas de la palabra. La temática literaria da por sí misma unidad a la obra, así como los contenidos extraídos del folclore popular, lo que conjuntamente con el equilibrio armónico, melódico y dinámico, siempre en función de la descripción literaria - tal y como sucede en la música programática o el poema sinfónico -, marcan a mi modo de entender la unidad en las piezas y de la obra en su conjunto.
Emilio Coello 1999
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